Un verano para crecer
- María Mateo Sastre
- hace 2 días
- 1 min de lectura
Compartir nuevas experiencias que fortalecen vínculos
El espacio “Hagan Lío", habitualmente lleno de tareas y exámenes, cambia por completo al llegar julio. Para los niños, jóvenes y voluntarios que formamos parte del proyecto, el final de curso no es una despedida, sino el comienzo del momento más esperado, ¡el campamento de verano! Las actividades de verano son el broche de oro a meses llenos de esfuerzo y crecimiento de todas las personas que, de algún modo, formamos parte de esto.
Uno de los puntos fuertes del verano son las actividades y los talleres. Durante el curso, las asignaturas ocupan la mayor parte de nuestro tiempo, dejando menos espacio para manualidades y juegos. Pintar, hacer pulseras o experimentos se convierten junto con los niños en los protagonistas del mes. Pero el verano salmantino nos lleva a la actividad preferida de los pequeños: la piscina. Este momento se convierte en un encuentro dentro y fuera del agua entre niños y monitores, disfrutando del agua y del tiempo de ocio, jugando a juegos de mesa, cartas...
El verano nos da la oportunidad de compartir nuevas experiencias que fortalecen los vínculos creados durante el curso. Las dinámicas y los juegos permiten que todos nos conozcamos mejor y se fomenten valores como el respeto y la solidaridad, mientras nos divertimos y lo pasamos bien. Cada mes de julio recordamos la importancia de compartir tiempo de calidad, de descubrir nuevas habilidades y de disfrutar de pequeños momentos llenos de ilusión y convivencia. Así, el verano se convierte en más que un tiempo de descanso: es una ocasión para seguir aprendiendo, creciendo y creando recuerdos que siempre estarán con nosotros.











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