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Abrimos nuestras ventanas al mundo

Sentimos cerca a nuestras contrapartes de los Campos de Trabajo-Misión


Quienes han participado en una experiencia de voluntariado internacional en los Campos de Trabajo y Misión de Honduras o El Salvador, Zambia, Mozambique o Sudáfrica, sienten que una parte de su corazón ha quedado en esas tierras, entre aquellas personas. Y ante la imposibilidad en estos tiempos de continuar la cadena solidaria que verano tras verano hemos ido ampliando en 29 años de voluntariado internacional, surgen nuevas formas de seguir abiertos a aquella realidad. Por eso, estos meses están siendo ocasión de intercambiar noticias, correos y whatsapp con nuestras contrapartes, de seguir las comunicaciones que llegan por diversas publicaciones y también de apoyar proyectos impulsados desde la ongd SED. La sensibilidad, la proximidad humana y el compromiso material -desde las distintas realidades que cada uno vivimos y podemos-, son características que refleja el retrato robot de nuestros voluntarios y voluntarias. Así, hemos seguido con el corazón en un puño las fases iniciales de la pandemia y nos hemos alegrado ante la relativamente baja incidencia en nuestras presencias en África, acogimos la campaña Paso Adelante y nos implicamos en su difusión y sostenimiento, y contemplamos ahora la vuelta a las aulas, compartiendo la alegría ante la ausencia de contagios internos.


Nuestros colegios de Manhiça y Bilene, en Mozambique, están reabriendo sus aulas según las directrices del gobierno, empezando por los cursos que culminan con exámenes nacionales: 12º (2º Bachillerato) a comienzos de octubre, 10º (4º ESO) a principios de noviembre y 7º (1º ESO) en la semana pasada. Las escuelas maristas han multiplicado los espacios dedicados a aulas, para garantizar la distancia interpersonal. En salas que antes acogían a 50 alumnos y alumnas, hoy son 20 los que se autorizan, con un profesorado que también multiplica su trabajo en los distintos grupos para ofrecer cuatro horas de clase durante tres días a la semana.


En Zambia, SED ha colaborado con un proyecto de emergencia en la clínica de Mulungushi, bien conocida por los voluntarios de estos últimos años. Se ha podido así financiar la compra de material para afrontar la pandemia y ampliar el laboratorio. Por su parte, los Hermanos del Colegio de St. Pauls y del Skill Center de Chibuluma nos comparten que desde septiembre han vuelto a las aulas y agradecen el apoyo que llega a los alumnos en situación de mayor necesidad en forma de becas.


Y aunque dentro de los países que últimamente han acogido a los voluntarios de Compostela, Honduras es la nación más golpeada por la COVID, el centro de menores Horizontes al Futuro se ha librado de contagios y sigue acogiendo, formando y ofreciendo cariño a muchachos de Comayagua en situación de riesgo, para los que es una Luz de Esperanza. A través de esta institución, se ha canalizado también ayuda de emergencia a familias vulnerables de esa ciudad y se está respondiendo en estos días a dramáticas situaciones dejadas a su paso por los huracanes Eta y Iota.


Así, desde nuestras casas pero con la ventana abierta al mundo, los voluntarios internacionales de Compostela experimentamos que ser solidarios es, en parte, sentir con el otro y desde el otro. En un contexto mundial que nos une como familia global, que apela a la solidaridad y que nos llama a hacer justicia entre los pueblos, descubrimos que, más que nunca, es tiempo de despertar.

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